lunes, 18 de marzo de 2013

Ni tú estarás dispuesto a pedir perdón, ni yo a perdonarte.

Siempre pensé que el día que yo hiciera esto, estaría muy lejos, muy lejos de ti.
Que no permitiría que me vieras hundida, como estoy.
¿No lo ves?
¿No ves como intento flotar agarrando un simple tablón de madera del que un día fue el barco de mi vida?
Sí, ya me dirás que todo esto está bien, que tú y yo estamos bien, pero no es así.
Sólo me prestas atención cuando sabes que estas a una milésima de segundo de perderme, y eso me cansa.
No lo sabes, pero es así, me ves como tu seguro, la que siempre estará cuando no tienes un plan mejor, la que espera y espera.
¿Pero sabes qué pasa?
Que aprendí que yo tenía que seguir con mi vida, y esto me ha quedado claro ahora mismo, mientras escribo esto. No voy a seguir esperándote.
Yo pondré en orden mi vida y te darás cuenta de que, en realidad, me echas de menos.
Pero para entonces ya será tarde, ni tú estarás dispuesto a pedir perdón, ni yo a perdonarte.




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