Me ilusionas, me dices que te importo, que me quieres, que quieres que empecemos algo juntos.
No sabes muy bien el que, pero me necesitas.
Acepto, me modero porque no quiero que las cosas vayan demasiado rápido y me ilusione más de la cuenta.
Me haces reír, me cuidas, me sorprendes a cada instante, me llevas al cielo solo con una palabra, me devuelves a la Tierra, me regalas un te quiero, después otro, otro más, y así, infinitos.
Después dices que un te quiero se queda corto, y me robas un beso, por alguna extraña razón quiero que me lo devuelvas, y quiero que me sigas robando esos besos que saben tan bien.
Quien sabe, a lo mejor me estoy enamorando.
Y de repente, un día, me dices que todo ha cambiado, que ya no sientes lo mismo, que te importo tanto tanto que crees que lo mejor para los dos es dejarlo.
Y ahí me dejas, plantada, con una deuda de infinitos besos, con una lágrima deslizándose por mi mejilla, recorriendo cada poro de mi piel.
Increíble, así de fácil acaba la historia de dos enamorados que dices que teníamos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario