Por favor, ya no pido que me quieras, ya no pido que te fijes en mí, ya no pido gustarte, sólo necesito que me mires y me regales esa irregular y perfecta sonrisa, que me hagas un poquito de caso, que me dejes conocerte.
No voy a mentirte, no te quiero, no estoy enamorada de ti, sé perfectamente lo que siento, me gustas, me gustas mucho, me encantas, pero quiero saber de qué estás hecho, quiero saber que se esconde tras esa atractiva fachada tuya.
Vamos... ¡qué más te da!
Muéstrate, confíame, conozcámonos, puedo darte mucho, puedes darme lo que tanto tiempo llevo buscando.
Que llevo demasiado tiempo sin dejar de pensar en ti, sin dejar de imaginarte y quiero dejar de imaginar para conocer.
Si cada día paso por tu lado y te sonrío descaradamente, no es casualidad.
Si cada día te miro a través de tres filas de gente aún sabiendo que puedes verme, no es casualidad.
Si cada día siento más curiosidad, no es casualidad.
Que yo soy de las que piensan que todas las cosas suceden por algún motivo, y quiero saber cuál es el motivo de que me encantes de esa manera.
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