Dicen que nada es para siempre.
Pero confiaba en que nosotros sí.
Confiaba en que jamás me harías daño y que siempre me tratarías con la misma delicadeza, está claro que me equivocaba, y que simplemente no debería de haber confiado en ti.
Pero cuando pensé en no hacerlo ya era demasiado tarde, ya estaba demasiado enamorada, ya era tarde para rectificar.
Y ahora vienen todos los lamentos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario