No sabía que decirte, llegué con las manos sudorosas, con poca saliva y nada de aliento, llegué pensando que eras tú, el que causabas mis risas tontas y mis miradas perdidas.
Llegué pensando que debería parar el reloj, para acordarme toda la vida de la hora exacta en la que me había enamorado de ti.
Pensé tantas cosas, que no hice ni la mitad.
Lo único que hice fue besarte sin control, era lo único que me salía en ese instante, y si te soy sincera, después de esa tarde, no pude hacer otra cosa nada más que pensar en ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario