jueves, 12 de enero de 2012

Campanilla.

Sí, campanilla, la de Peter Pan. La olvidada campanilla.
A muy pocos le importaban los sentimientos de la pequeña hada, todos los niños querían que Peter se fuera con Wendy, la chica simpática que le cosió su sombra a los pies, que le dejó la medicina cuando ella decidió hacerse mayor y abandonarle.
Oh, qué gran persona. ¡Y una mierda!
¿Crecer? No te importa crecer si tienes al amor de tu vida para siempre a tu lado.
El verdadero amor era el de Campanilla, que arriesgó su vida bebiéndose la medicina envenenada para que no muriera Peter, y todo... ¿Para qué?
Para que él la empujara, para que él sólo se fijara en la bonita niña de rizos pelirrojos y un beso escondido en la comisura derecha. Sin duda alguna, Peter Pan es uno de los cuentos más sinceros que nos contaban de chicas respecto al amor. Nada de zapatos de cristal que se rompen ni besos que rompen maldiciones.
Sino una chica enamorada de un chico que sólo quiere a otra.
Te confesaré una cosa: Yo soy de ese tipo de personas que huye de los problemas.
Cuando algo me da miedo simplemente me escondo hasta que pasa.
Pensaba esconderme y desaparecer hasta olvidarte.
Pero me he dado cuenta de una cosa, tal vez parezca raro.
Está vez me he dado cuenta de que no quiero huir, quiero enfrentarme a todo lo que me venga.
Me he cansado de perderlo todo por no luchar por ello.
Y tú eres por lo que voy a luchar.
Porque no pienso perderte y si eso ya ha pasado, intentar recuperarte.

No hay comentarios:

Publicar un comentario