domingo, 1 de mayo de 2011

Cincuenta y ocho.

Yo, lloro, lo admito. Pero lloro para demostrar al mundo que no es tan bueno como algunos piensan y también lo hago para que muchas personas vean que no me da igual lo que piensen de mi, al menos no del todo, porque aunque no lo creas, soy humana y el llorar puede significarlo todo o simplemente, nada.

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